miércoles, 15 de marzo de 2017

Bodegón

                                   O meu pai, Saturnino Rivero Montero

Moderada naranja
siempre sobre el frutero de barro verde
que a su vez sobre la mesa de madera negra
donde hay un mantel que convalece
en flores y recupera
la luz de una ventana que está próxima
y todo en el zaguán se desvela.

Y así con la mirada recreada
y la boca ardiendo de antiguos sabores
pelo lentamente la naranja con una cuchilla
que me traje de unas operaciones de corcho
en la frontera de Portugal:
aquellas mestas de cernícalos y búhos.

Y como una porción de un tiempo inolvidable
y recuperado
moviéndose entre el paladar y el cielo
de la noche estrellada
las manos me huelen a canela y alacrán.